miércoles, 23 de enero de 2013

Viento carente de velas.

"Maldito quien confía en el hombre, y en la carne busca su fuerza".
Libro de Jeremías; 17,5

La memoria no persiste.
Aquí me tienes delinquiéndote, desacralizándote, asesinándote, requebrajando la materia inexacta de que estás revestida (azul, metálica, como un timbre carnal que destempla el templo de un tímpano fugaz).
Desoyendo al dios de las manos; asaetando tus arterias tan sin sangre (completas de terror); vulnerando tu conciencia de ángel sin alas (desalamiento sin plumas, consumando el crimen: "consumatum est"), férreo, subterráneo; estigmatizando (escarificando) tu piel (manto desierto o virgen que se distiende) con el surco sinuoso de mi palabra circular o áspid que te escancia entre tus dientes el veneno verbal; desquijarándote la boca que revierte el deseo (que vence a toda luz o presencia); sajándote con precisión tus ilusiones (esas que cuando niña eran azúcares, pupilas agigantadas) mientras la tormenta se revuelca y desparrama por entre tus ingles; desinmaculando tu sexo recién-nacido (masticando con violencia de suspiro tus pechos)... tu sexo eternamente célibe, virgen: porque lo engendrado en ti -en tus ansias- es obra del Espíritu Santo. Y no son flores.
Opto a ti.
 
Busco tu carne y su fuerza que me redime. Soy el más maldito entre los hombres todos.
¿Me salvaré?

23/01/03  
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario