martes, 18 de junio de 2013
martes, 2 de abril de 2013
Facilitas al faquir su holocausto ígneo y binario. Deseas, empero, flanear su aliento flámeo o metal fósforo. Te adhieres a su respirar fosforescente de animal de falquía que retroalimenta tu falda estampada de florescencia espantosa. Y él, con florete gutural, te convida a su penitencia de fumarola furente, a su funeral que es la parodia del fuego para fervorar tu fantasía inflamada de fresa desnuda, de fuga centrífuga y de fósil combustible. Te explica la filiación incógnita de su faringe flámea y te rindes a la condición de su flechería que es fianza de llama: filaria parásita de la palabra. Y, ahora, un falcinelo alado de fábulas te picotea el corazón y el faquir (con violencia de febreros y fibromas) te abre dos costillas férricas y te devasta el corazón con su llama de amor muerta: como a Felipe Neri y su florencia.
miércoles, 6 de febrero de 2013
Príncipe sin fortuna. Monarca de las riquezas que supuras.
Y yo no atino a relatarte mi destino de fulgores o alacranes.
No acierto a temblar de vivo, a atardecer cuando las aguas se descrisman de saliva o sal viva.
Tendría que preambular la blancura de las corcheas encantadas.
Decirte, en fin, que no sé cómo fue lo de los vientos acristalados, que el canto -parado y extático encanto- se adueña de esta inmensa disnea que me abarca. La horca horrenda y sin vestigios de nave. El violín que resuenas -risueña- mía. Para gritarte (en el eco concéntrico de tu pliegue) que la vida se sesga y se trasviste, que se me desfigura en esta especie de banda sonora auroral con coda de arrepentimiento.
Te pido un auxilio necesario para lo del fuego.
Para contemplar tu esfinge de espectros que no me miento.
Esa que me socorre cuando corres -campo traviesa- hacia la muerte abundante que te lego.
04/02/04
No acierto a temblar de vivo, a atardecer cuando las aguas se descrisman de saliva o sal viva.
Tendría que preambular la blancura de las corcheas encantadas.
Decirte, en fin, que no sé cómo fue lo de los vientos acristalados, que el canto -parado y extático encanto- se adueña de esta inmensa disnea que me abarca. La horca horrenda y sin vestigios de nave. El violín que resuenas -risueña- mía. Para gritarte (en el eco concéntrico de tu pliegue) que la vida se sesga y se trasviste, que se me desfigura en esta especie de banda sonora auroral con coda de arrepentimiento.
Te pido un auxilio necesario para lo del fuego.
Para contemplar tu esfinge de espectros que no me miento.
Esa que me socorre cuando corres -campo traviesa- hacia la muerte abundante que te lego.
04/02/04
miércoles, 30 de enero de 2013
Sufragios de venenos
Sufragios de venenos en el mar de la desdicha. Atravesando -ritmo en fuga, arpegio sin cuerda- la innoble escalera de la felonía. Felina presencia que enmaraña las fauces del lobo que mordisquea la vena espumosa de tu llama que ya no devora.
Escasez horizontal: mi tuétano vacío. Amor embalsamado: pleno de insatisfacción.
Tu luz -la mía que revienta- no durará hasta el letargo. Sustraccón a la vida.
Y ese tibio amargo cereal que rezuma -urente, vespertino- y remonta hasta la infición última de la caída.
Son ayer. Licantropía de cercanía en los aledaños o vías férreas que dan a morir.
¿Vendrás mañana?
¿Cuándo fue sencillo explicar que la existencia no existe, que no existió nunca?
Ayer, mañana o pasado; al fin todo es lo mismo.
La vida (queramos o no) es infinita.
Infinitamente divisible.
Escasez horizontal: mi tuétano vacío. Amor embalsamado: pleno de insatisfacción.
Tu luz -la mía que revienta- no durará hasta el letargo. Sustraccón a la vida.
Y ese tibio amargo cereal que rezuma -urente, vespertino- y remonta hasta la infición última de la caída.
Son ayer. Licantropía de cercanía en los aledaños o vías férreas que dan a morir.
¿Vendrás mañana?
¿Cuándo fue sencillo explicar que la existencia no existe, que no existió nunca?
Ayer, mañana o pasado; al fin todo es lo mismo.
La vida (queramos o no) es infinita.
Infinitamente divisible.
miércoles, 23 de enero de 2013
Viento carente de velas.
"Maldito quien confía en el hombre, y en la carne busca su fuerza".
Libro de Jeremías; 17,5
La memoria no persiste.
Aquí me tienes delinquiéndote, desacralizándote, asesinándote, requebrajando la materia inexacta de que estás revestida (azul, metálica, como un timbre carnal que destempla el templo de un tímpano fugaz).
Desoyendo al dios de las manos; asaetando tus arterias tan sin sangre (completas de terror); vulnerando tu conciencia de ángel sin alas (desalamiento sin plumas, consumando el crimen: "consumatum est"), férreo, subterráneo; estigmatizando (escarificando) tu piel (manto desierto o virgen que se distiende) con el surco sinuoso de mi palabra circular o áspid que te escancia entre tus dientes el veneno verbal; desquijarándote la boca que revierte el deseo (que vence a toda luz o presencia); sajándote con precisión tus ilusiones (esas que cuando niña eran azúcares, pupilas agigantadas) mientras la tormenta se revuelca y desparrama por entre tus ingles; desinmaculando tu sexo recién-nacido (masticando con violencia de suspiro tus pechos)... tu sexo eternamente célibe, virgen: porque lo engendrado en ti -en tus ansias- es obra del Espíritu Santo. Y no son flores.
Opto a ti.
Busco tu carne y su fuerza que me redime. Soy el más maldito entre los hombres todos.
¿Me salvaré?
23/01/03
23/01/03
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